sábado, 5 de febrero de 2011

El trabajo es capital II


El Socialista, Punta Arenas, 29/07/1919
EL TRABAJO ES CAPITAL
Cada obrero es un accionista
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Cosas necesarias que debe saber todo obrero y obrera, para que comprenda el valor de su trabajo
El obrero deber ser un hombre y no una bestia de trabajo
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Conclusión
Contemplemos todavía otros factores. Las máquinas son hechas "por trabajo humano", aunque se ayude para ello con otras máquinas. Todo material que entre en la composición de cualquier producto "viene" de la tierra y en todo el proceso de su preparación interviene forzosamente "trabajo humano".
Ahora debemos establecer fehaciente y fundamentalmente otra verdad absolutamente exacta: La máquina no es "otra cosa" que la prolongación del brazo humano; la máquina no es "más" que la prolongación de la fuerza humana; la máquina no es otra cosa que un instrumento del cual se vale el cerebro para multiplicar la capacidad y la actividad de su brazo la máquina, que no es "otra cosa" en resumen que concepción de esa inteligencia, por esta razón no puede ser, ni es un valor separado ni del brazo ni de la inteligencia del obrero.
Siendo la máquina prolongación de la actividad del brazo humano, que sólo se valoriza por la asociación mutua, no puede el capitalista suponerle más valor que al brazo. Entonces, en el trabajo, es decir, en la producción, el factor de mayor valor que entra en juego es el trabajo del operario, que es el factor de valor más noble. Con esta base, con esta razón es que establecemos que cada obrero, cualquiera que sea su condición, siendo productor de valores, es el único dueño del valor producido.
Por si se alegara que la división del trabajo hace que el obrero produzca sólo fracciones de una obra, diremos: "Todo el producto de una fábrica, taller o faena es propiedad, en igualdad de proporciones, del total de obreros o empleados que hayan intervenido".
Esto, contemplando las cosas en el actual aspecto de la sociedad.
Si el trabajo es el elemento o factor más noble que entra en una empresa, véase claro, el trabajo es la parte más importante del capital que opera en cualquier clase de empresas.
Si el trabajo representa esta clase de capital el obrero es incuestionablemente el capitalista más importante.
Esta es una de las razones más fundamentales que argumentan para sostener que, de cual­quier empresa de trabajo, con uno o muchos patrones o accionistas, los obreros son los accio­nistas más importantes de ella.
Cuando una empresa reparte utilidades a los que hasta hoy son los únicos considerados como accionistas, ¿por qué no son considerados con iguales derechos de accionistas todos los obreros y no participan de las utilidades?
¿Por qué "antes" se aseguraba que la tierra era inmóvil y sé mataba al que afírmase que se movía, y "ahora" nadie duda que se mueve?
Porque antes era lógica la ignorancia; era el estado natural de la humanidad. Así, "antes'' era lógico, debido a la ignorancia, que la clase obrera, además de recibir un mezquino salario, fuera y sea privada de "participar" de las utilidades que resultan de su trabajo y de su inteli­gencia.
Pero "ahora" ya no debiéramos ocultar la verdad; ya no debiéramos admitir que se nos siga usurpando nuestro derecho a la utilidad del trabajo, no sólo porque ello nos reduce a la escla­vitud y a la miseria, no sólo porque ello "rebaja" hasta lo indigno e infame la condición del explotador que se reserva tan vil profesión, si no también porque este sistema, además de indigno, de anti-natural, es criminal, porque de él se derivan el acortamiento de la vida y la muerte prematura, y en suma, porque es la causa preponderante que produce la mayor cantidad de desgracia.
El sindicato, y todo grupo dedicado a multiplicar la cultura, tiene el deber de dedicar a este "renglón" quizás mayor preferencia, pero a la vez señalar y proponer los "medios" más posi­bles, más conducentes, para hacer desaparecer ese estado de cosas y para establecer "nuevas maneras" para realizar la producción y para gozar de sus productos.
Luis E. Recabarren S.

El trabajo es capital I


El Socialista, Punta Arenas, 26/07/1919
EL TRABAJO ES CAPITAL
Cada obrero es un accionista
Cosas necesarias que debe saber todo obrero y obrera, para que comprenda el valor de su trabajo
El obrero debe ser un hombre y no una bestia de trabajo
Todas las verdades demoran en reconocerse. La razón es sencilla. Un niño a medida que va creciendo o desarrollándose, que va viviendo y conociendo las cosas, poco a poco va conocién­dolas y comprendiendo la exactitud y verdad de su valor respectivo. Lo mismo pasa con la humanidad. Tarda en conocer la verdad y en conocer lo exacto, que sólo la experiencia, que sólo el buen juicio y la honradez enseñan. La clase capitalista, empedernida en su egoísmo here­ditario, aunque comprenda la verdad no quiere hoy reconocerla, y mucho menos lo hará mientras vea la debilidad proletaria.
Que el trabajo es un capital, y por lo tanto, cada obrero es un accionista, en toda clase de trabajos que se verifiquen, para muchos de nosotros es, cosa bien clara, indudable e indiscutible. Fatalmente, ningún patrón lo acepta, y muchos obreros no quieren comprenderlo por falta de inteligencia.
Que el trabajo es "el capital" de más valor e importancia es tan exacto, en verdad, que no costará mucho probarlo y comprenderlo. La máquina más prodigiosa que se haya inventado o que no pueda inventarse no producirá productos jamás "sin" la asociación del brazo humano. Debemos tomar en cuenta que para "toda" producción que pueda elaborar la máquina más prodigiosa que requiera el minimum de fuerza humana, para el máximum de producción ha de demostrar que "todos" los materiales que entran en esa elaboración "provienen" de la tierra, en cuya preparación intervienen e intervendrán fuerzas humanas.
Como "el trabajo" humano es insubstituible, irreemplazable, el trabajo humano tiene "un valor" especial que debemos caracterizar ¿Puede producir la máquina sola? No. ¿Puede produ­cir el brazo solo? Sí. No puede haber vacilación en las respuestas. El trabajo no solamente es "un valor", sino que es todavía el único factor en la producción que "valoriza" lo que produce, puesto que sin el trabajo del brazo humano —la acción más noble de la vida— es "imposible" la existencia de ninguna "cosa" sobre la superficie de la tierra. Ninguna maravilla del genio inven­tivo, del arte, ningún producto eficaz y exacto de las ciencias, ninguna concepción de la menta­lidad humana, podrá "ser", podrá adquirir forma, convertirse en hecho sin el trabajo humano, sin la indispensable acción del brazo, cuyo movimiento, desde lo más sensible y delicado a lo más potente, "dirige" indispensablemente el cerebro, por lo tanto, en toda operación que se realice van unidos talento y fuerza, cerebro y músculo.
La máquina más cara, la que cuesta más dinero, la que exija más capital, no valdrá "nada" si no la pone en movimiento la mano humana, que hace andar el motor y que trasmite el movimiento a la máquina. Esto es, para ponerla en movimiento. La máquina en movimiento no producirá "nada" si la mano humana no introduce en la máquina los materiales que se requieren para la producción que deba realizarse. ¿Es esto la verdad? ¿Podrá la máquina "elaborar" un producto sin la asociación del brazo humano? ¿Podrá el brazo humano, así sea el de un niño, dirigir o conducir el material [que] se elabora si la "inteligencia" —ese producto noble del cerebro— no entra en actividad para conducir la mano?
Ninguna máquina "produce", ni fabrica "nada" si para ello no intervienen el "músculo" y el "cerebro" del ser humano. La inteligencia más rudimentaria o atrofiada necesitará poco esfuerzo para comprender "esta exacta verdad" si se sabe explicarla. Bien. Siendo esto así, la clase capitalista no puede invocar ningún valor al capital empleado, ni atribuirle ninguna supe­rioridad sobre el valor del "trabajo", aunque sea el de un solo niño.
Comprobemos con la mayor exactitud posible esta verdad, de que solo "el trabajo humano", sea desempeñado por una niña, un hombre, una mujer o un anciano, cualquiera que sea la condición del que realiza el trabajo es esta sola fuerza es esta sola acción la que "valoriza" la máquina que se mueve y que trabaja y el producto que realiza. Ni máquina ni producto consti­tuyen "valor" sino cuando interviene el trabajo del ser humano. Una máquina ideal la más perfecta, por ejemplo, para hacer sombreros o zapatos, póngasela en movimiento y a su lado déjese los materiales necesarios, sin acompañar a la actividad de la máquina el "trabajo" del brazo y del cerebro humano y no se producirá nada.
Entonces, repetimos, es estrictamente exacto que sólo "el trabajo humano" da valor apreciable a la máquina, al material y al producto que resulta.
(Concluirá)

El trabajo es capital I


El Socialista, Punta Arenas, 26/07/1919
EL TRABAJO ES CAPITAL
Cada obrero es un accionista
Cosas necesarias que debe saber todo obrero y obrera, para que comprenda el valor de su trabajo
El obrero debe ser un hombre y no una bestia de trabajo
Todas las verdades demoran en reconocerse. La razón es sencilla. Un niño a medida que va creciendo o desarrollándose, que va viviendo y conociendo las cosas, poco a poco va conocién­dolas y comprendiendo la exactitud y verdad de su valor respectivo. Lo mismo pasa con la humanidad. Tarda en conocer la verdad y en conocer lo exacto, que sólo la experiencia, que sólo el buen juicio y la honradez enseñan. La clase capitalista, empedernida en su egoísmo here­ditario, aunque comprenda la verdad no quiere hoy reconocerla, y mucho menos lo hará mientras vea la debilidad proletaria.
Que el trabajo es un capital, y por lo tanto, cada obrero es un accionista, en toda clase de trabajos que se verifiquen, para muchos de nosotros es, cosa bien clara, indudable e indiscutible. Fatalmente, ningún patrón lo acepta, y muchos obreros no quieren comprenderlo por falta de inteligencia.
Que el trabajo es "el capital" de más valor e importancia es tan exacto, en verdad, que no costará mucho probarlo y comprenderlo. La máquina más prodigiosa que se haya inventado o que no pueda inventarse no producirá productos jamás "sin" la asociación del brazo humano. Debemos tomar en cuenta que para "toda" producción que pueda elaborar la máquina más prodigiosa que requiera el minimum de fuerza humana, para el máximum de producción ha de demostrar que "todos" los materiales que entran en esa elaboración "provienen" de la tierra, en cuya preparación intervienen e intervendrán fuerzas humanas.
Como "el trabajo" humano es insubstituible, irreemplazable, el trabajo humano tiene "un valor" especial que debemos caracterizar ¿Puede producir la máquina sola? No. ¿Puede produ­cir el brazo solo? Sí. No puede haber vacilación en las respuestas. El trabajo no solamente es "un valor", sino que es todavía el único factor en la producción que "valoriza" lo que produce, puesto que sin el trabajo del brazo humano —la acción más noble de la vida— es "imposible" la existencia de ninguna "cosa" sobre la superficie de la tierra. Ninguna maravilla del genio inven­tivo, del arte, ningún producto eficaz y exacto de las ciencias, ninguna concepción de la menta­lidad humana, podrá "ser", podrá adquirir forma, convertirse en hecho sin el trabajo humano, sin la indispensable acción del brazo, cuyo movimiento, desde lo más sensible y delicado a lo más potente, "dirige" indispensablemente el cerebro, por lo tanto, en toda operación que se realice van unidos talento y fuerza, cerebro y músculo.
La máquina más cara, la que cuesta más dinero, la que exija más capital, no valdrá "nada" si no la pone en movimiento la mano humana, que hace andar el motor y que trasmite el movimiento a la máquina. Esto es, para ponerla en movimiento. La máquina en movimiento no producirá "nada" si la mano humana no introduce en la máquina los materiales que se requieren para la producción que deba realizarse. ¿Es esto la verdad? ¿Podrá la máquina "elaborar" un producto sin la asociación del brazo humano? ¿Podrá el brazo humano, así sea el de un niño, dirigir o conducir el material [que] se elabora si la "inteligencia" —ese producto noble del cerebro— no entra en actividad para conducir la mano?
Ninguna máquina "produce", ni fabrica "nada" si para ello no intervienen el "músculo" y el "cerebro" del ser humano. La inteligencia más rudimentaria o atrofiada necesitará poco esfuerzo para comprender "esta exacta verdad" si se sabe explicarla. Bien. Siendo esto así, la clase capitalista no puede invocar ningún valor al capital empleado, ni atribuirle ninguna supe­rioridad sobre el valor del "trabajo", aunque sea el de un solo niño.
Comprobemos con la mayor exactitud posible esta verdad, de que solo "el trabajo humano", sea desempeñado por una niña, un hombre, una mujer o un anciano, cualquiera que sea la condición del que realiza el trabajo es esta sola fuerza es esta sola acción la que "valoriza" la máquina que se mueve y que trabaja y el producto que realiza. Ni máquina ni producto consti­tuyen "valor" sino cuando interviene el trabajo del ser humano. Una máquina ideal la más perfecta, por ejemplo, para hacer sombreros o zapatos, póngasela en movimiento y a su lado déjese los materiales necesarios, sin acompañar a la actividad de la máquina el "trabajo" del brazo y del cerebro humano y no se producirá nada.
Entonces, repetimos, es estrictamente exacto que sólo "el trabajo humano" da valor apreciable a la máquina, al material y al producto que resulta.
(Concluirá)

Federación Obrera de Chile


El Socialista. Antofagasta 29/03/1920
FEDERACION OBRERA DE CHILE
La Secretaría provisoria de la Junta Provincial de Antofagasta, por encargo del Congreso recién reunido dirige a todos los Consejos la siguiente circular:
“Antofagasta, 27 de marzo de 1920:
Compañeros del Consejo Federal de....................................
Mientras se recopila en un cuaderno impreso, los acuerdos y resoluciones del Congreso que acaba de realizar la Federación, al que concurrieron las secciones de Chuquicamata, Calama, Unión, Yungay, Antofagasta de la Federación Obrera de Chile, y también acudió representación de los grupos femeninos: de Unión, de Prat y otro de Antofagasta, una representación del gremio de cargadores y gremio de máquina de Unión y el secretario del Consejo Federal de Gatico, quiero comunicar a Uds. las resoluciones de más importancia, como ser:
Aceptar por completo las resoluciones del Congreso de Concepción y en consecuencia, ajustándose a ellas, cada Consejo deberá remitir a la tesorería de la Junta Provincial el 17 por ciento de su respectiva cotización destinada a cumplir las siguientes obligaciones establecidas por la Convención de Concepción:
Remitir 20 centavos a la Junta Ejecutiva Federal en Santiago, para el sostén de la secretaría central y la publicación del periódico quincenal “LA FEDERACION OBRERA”, órgano de nuestra institución;
Destinar 10 centavos para el funcionamiento de la Junta Provincial de Antofagasta, y el resto de ese 17 por ciento partirlo en proporción para la adquisición de nuevos materiales de trabajo para la imprenta y para avanzar la construcción de la casa.
La Administración de la imprenta y de la Casa fue encomendada al suscrito bajo el control de la Junta Provincial formada por delegados de todos los Consejos.
El 17 por ciento, como podrán verlo, no aumenta las obligaciones económicas de cada Consejo, pues los cotizantes de las secciones de la pampa contribuían antes con 70 centavos mensuales distribuidos entre el Comité Central, que ha dejado de existir al organizarse la Junta Provincial y 50 centavos destinados para el aumento de maquinarias y materiales de la imprenta, en cambio ahora esa contribución sólo resultará de 68 centavos en vez de 70. Los consejos que por distintas razones, no cotizaban en la misma forma que los de la pampa, tienen que colocarse ahora en igualdad de contribución, es decir contribuir con el 17 por ciento cualquiera que sea el monto de su cuota.
Esta disposición es obligatoria para todo Consejo que esté adherido a la Junta Provincial de la F.O.Ch. o que se adhiera más adelante, sin cuyo requisito no puede formar parte de nuestra organización. Además es obligatoria la cotización de 50 centavos mensuales para adultos y 25 para mujeres y niños destinada a establecer una imprenta y diario en Santiago que defienda los intereses de todos los trabajadores del país. Los recibos para esta cotización se remitirán en el mes entrante.
Esperamos que ese Consejo conteste cuanto antes su conformidad con todas estas resolucio­nes y que a partir del mes de abril haga regir la cotización del 17 por ciento para los fines ya citados.
La Junta Ejecutiva Federal de Santiago ha pedido que cada Consejo remita un anticipo para la adquisición de las libretas que debe usar cada asociado, por ser su costo bastante elevado y no tener la Junta Ejecutiva suficientes fondos para atender un trabajo de tanta magnitud para toda la república, de modo que cada Consejo debe disponer una cantidad anticipada para adquirir la libreta que todos los socios deben tener conforme a los acuerdos de la Convención de Concepción.
Esperamos pues una pronta respuesta.
Luis E. Recabarren S.
Secretario General, provisorio

Nuestro mayo de hoy


El Socialista, Antofagasta 17/02/1920
NUESTRO MAYO DE HOY
Con más razón que antes;
Con más fuerzas que antes;
Hoy, el proletariado ambicioso de bienestar, habrá de realizar la Grandiosa Manifestación Universal del Primero de Mayo; no ya solamente como un símbolo, cual lo hiciera antes sino que ahora en su doble carácter de símbolo y de realidad hermosa y viviente!
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Mayo es, en los pueblos europeos el mes en que entra la Primavera, la hermosa estación de las flores, de los brotes verdes que renuevan la vida de la Naturaleza y visten y adornan la tierra de mil colores y perfumes...
Los obreros, al escoger Mayo para hacer la demostración universal de la Fraternidad de los trabajadores, que luchan por romper todos los yugos y libertarse de la esclavitud, han querido simbolizar la fecha como anunciadora de una Nueva Vida Social para los pueblos de toda la tierra.
Y, lo que ayer fuera un símbolo, o una ilusión, o si se quiere solo un sueño utópico, ahora es la más viviente, la más querida realidad humana.
¡Ha empezado ya a terminar para siempre la esclavitud de la humanidad!
Rusia primero;
Hungría, enseguida;
Alemania, después;
Y poco a poco, por todas partes, van surgiendo los cimientos indestructibles de la Nueva Vida, soñada por nosotros, los llamados ''ilusos criminales”.
¡La Nueva Primavera de la Vida! ¿Quién detendrá ahora la marcha triunfante, impetuosa, irresistible, de las únicas fuerzas efectivas de la vida — ¡las fuerzas del trabajo!— la unión de los trabajadores, que van marchando, ¡que van marchando! sin que nada pueda detenerlas hacia la conquista definitiva, absoluta, real, palpable, de la Libertad, de la Justicia, de la Fraternidad PARA TODOS los seres humanos? ¿Quién detendrá esa marcha obrera?
¡Felices los obreros que marchan a la cúspide del Ideal!
Ellos son los que van transformando el mundo de malo que es, en bueno y agradable que será.
Tengamos confianza en los idealistas que están haciendo un mundo bueno; prestémosles nuestro concurso, ayudémosles a triunfar, porque el triunfo de los idealistas, de los soñadores, será el triunfo de TODA LA HUMANIDAD que quiere vivir una vida hermosa, y no sufrir una vida de miserias.
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El Primero de Mayo era antes el símbolo, o la aspiración a vivir una vida mejor;
¡Ya hemos triunfado!
Ya se vive esa vida mejor en los pueblos de oriente;
Ahora el Primero de Mayo será la manifestación del deseo de que esa vida mejor llegue a todos los pueblos de la tierra.
Trabajadores, proletarios, todos, TODOS los que de un modo o de otro sienten la esclavitud, el yugo de fuerzas del que deseamos librarnos, TODOS, venid con amor, a hacer la unión, cada día más poderosa: porque así solamente la vida será buena.
Luis E. Recabarren S.
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Este es llamado propagandistas del odio, de la subversión, según la pobre mentalidad de los radicales en bancarrota.

El día que no haya agitadores


El Socialista, Antofagasta 31/01/1920
EL DIA QUE NO HAYA AGITADORES
Ya que así se califica a los propagandistas y educadores de un ideal, adoptamos el mismo calificativo.
Cuando no haya agitadores, ¡qué gloria para los explotadores y pulmoneros! ¡Qué gloria para taberneros y embaucadores del pueblo!
Cuando no haya agitadores, los obreros, ciudadanos chilenos, tendrán que trabajar más explotados que hoy, con “guasqueros” a su lado y cargados de opresión y de andrajos.
Cuando no haya agitadores, reinará la llamada paz varsoviana, porque cada pulmonero se habrá asegurado la sumisión y mansedumbre de sus pobres víctimas sometidas a su cruel explo­tación.
¿Qué decir esto es una exageración? Ahí está el pasado y aun el presente de los presidios industriales que no nos dejará exagerar.
Mientras el pueblo no despertó, por la acción de los agitadores, el pueblo obrero vivió some­tido a una horrible abyección, víctima de esclavitudes que ya han narrado con horror los mismos historiadores burgueses y conservadores.
Cuando la prensa burguesa, y los capitalistas-industriales que gobiernan, trabajan por la extir­pación de los agitadores, lo hacen para volver sobre el pueblo obrero y productor todos los vicios y condiciones de la vieja esclavitud a fin de amontonar millones, amasados vergonzosa­mente, con el despojo de la felicidad de las multitudes obreras.
Los capitalistas y su prensa son incapaces de concebir una clase obrera elevada y digna, participando en la administración industrial.
Sólo admiten una multitud harapienta y degradada, trabajando para enriquecer bribones.
Pero la civilización quiere otra cosa.
El espíritu de civilización se ha apoderado de muchos trabajadores esclavos del capital gobernante y esa nueva cultura, que el tiempo, fuerza natural de acción inevitable, se ha encar­gado de inculcar en el cerebro, viene a determinar la acción consiguiente.
Los trabajadores que perciben las bondades de la civilización, se enamoran de ella y anhelan que llegue a ser ley de los pueblos.
Cuando se compara el concepto de civilización con las costumbres del régimen capitalista imperante, una mueca de horror nos domina.
Son incompatibles la civilización con el modo esclavizador de todos los capitalistas.
Los trabajadores aman la civilización y marchan a perfeccionarla y a imponerla.
Los capitalistas la desprecian, la combaten y la obstruyen, porque son groseros como perfec­tos y natos herederos de la tradición salvaje de los siglos pasados.
Y de esto surge la lucha impetuosa y brutal.
Las fuerzas de la civilización empujadas por los explotados y oprimidos contra las fuerzas de la barbarie defendidas por los explotadores y opresores.
Y en esta lucha surgen y se destacan aquellos obreros, aquellos trabajadores que primero conciben las bellezas de la civilización. A estos se les califica de agitadores, de subversivos, de peligrosos.
Obra del tiempo, no de los hombres, es el brote espontáneo en todas partes, aquí por las pampas y las minas, de los obreros enamorados de la civilización y de la cultura.
A su paso salen los bárbaros.
A su paso aparecen los groseros, los salvajes del tiempo a oponerse a la civilización.
Las cosas deben continuar como están.
El obrero andrajoso, mugriento y borracho.
El degenerado delincuente y carne de presidio.
La juventud femenina, agobiada por el hambre y el deseo de vivir mejor, arrastrada a la prostitución, en vez de convertirse en madres fecundas de una humanidad superior.
El esclavo de la pampa y de las minas sometido a la esclavitud abyecta.
Esto es lo que quieren nuestros honorables burgueses.
Pero nosotros no lo queremos y como nosotros somos la fuerza, hoy ya en parte organizada y mañana seremos una inevitable potencia, será inútil detener la civilización, porque absorberá la pequeña fuerza salvaje que aún domina sólo gracia a artificios que pronto caerán.
El pueblo es la fuerza. El pueblo es el poder y es la ley. Dentro de poco, por obra de la civili­zación el pueblo soberano de verdad impondrá la ley de la humanidad y de la justicia, en cuyo reinado nadie sufrirá ni la esclavitud ni la miseria.
Y sujetar esta civilización es todo el empeño presente de la burguesía y de sus lacayos y para ello recurren a la calumnia, a la persecución, a la violación de las leyes, el crimen mismo.
Todo será inútil. El pueblo es más sabio y más poderoso. El pueblo triunfará. El pueblo es eterno. Los lacayos perecerán.
Luis E. Recabarren S.

Circular a las Secciones de la FOCH...


El Socialista, Antofagasta 26/01/1920
LA CONVENCION DE LA FEDERACION OBRERA DE CHILE
CIRCULAR A LAS SECCIONES DE LA FEDERACION OBRERA DE CHILE, REGION SALITRERA Y FEDERACIONES HERMANAS
Hemos publicado todo lo importante resuelto en la Convención celebrada en Concepción en diciembre pasado.
Ahora estamos publicando desde anteayer los Estatutos aprobados.
Con esto creemos terminar la cuenta publicada de la labor realizada en la Convención de Concepción.
Corresponde ahora, a cada una de las secciones de la Federación en Antofagasta preocuparse de estos acuerdos y resolver su conducta en el sentido de aprobar y cumplir las resoluciones adoptadas en Concepción, si es cierto que queremos hacer efectiva la unificación de toda la clase obrera del país.
Hoy más que nunca se impone la más estrecha unión entre obreros y empleados de ambos sexos, porque, también, como nunca, los opresores procuran reducirnos a la más vil ser­vidumbre.
Nuestra burguesía nacional o extranjera, parece no avergonzarse de reducirnos a la esclavitud y entrabar nuestra acción de cultura y reivindicación social, cuando recurre a la mentira y a la calumnia, para enmudecer la voz de los que luchan e inutilizar los esfuerzos de los que se ocupan en combatir y corregir los vicios y defectos sociales.
Frente a la actual tiranía en ejercicio que viola leyes y derechos constitucionales, armada de la mentira y de la fuerza, no podemos conformarnos con soportarla sin peligro de ser anulada toda aspiración a la grandeza nacional y al efectivo bienestar del pueblo.
Nosotros los que sentimos vergüenza de vernos esclavizados y sin derechos en una tierra que se hace llamar una patria libre, no podemos resignarnos a que se nos haga vivir hipócritamente.
Frente a este estado de cosas, corresponde a todos los obreros organizados, sea en la Federa­ción Obrera de Chile, o en cualquiera de las otras federaciones hermanas, corresponde —deci­mos— tomar medidas encaminadas a conservar intactos los derechos y garantías que otorga a todo habitante nuestra Constitución y sus leyes.
La Federación Obrera de Chile, en la Convención de Concepción, ha realizado la más hermo­sa obra de Construcción Social y si todos los trabajadores de Antofagasta, se dan cuenta del peligro que les amenaza deberán cumplir con el deber de defensa social que nos ha encargado la Convención.
La Declaración de Principios que constituye un programa de hermosas aspiraciones de reconstrucción humana y el Estatuto que ordena la forma de nuestra organización son las dos obras más meritorias de dicha Convención, porque a la vez que orienta al proletariado sobre rumbos precisos le indica la forma de organizarse para realizar dicho programa.
Muy poco será lo que acá en Antofagasta tendremos que hacer para quedar dentro de la organización. Sólo se exige una cotización de 20 centavos mensual por socio para sostén de la Junta Ejecutiva con residencia en Santiago y que es el organismo de coordinación de todos los grupos organizados en la República.
Esa cuota de 20 centavos mensual podría pagarse como sigue:
Las secciones Unión, Yungay y Boquete, se eliminarán de este pago en razón que cotizan 50 centavos mensuales por socio para el progreso de la imprenta. La caja de la imprenta se desprendería de estos 20 centavos, conformándose para el progreso del taller con los 30 centa­vos restantes.
En cambio las secciones Calama, Chuquicamata, Antofagasta, deberán abonar esos 20 centavos por socio.
Las demás Federaciones, constituidas en el puerto, si se sienten animadas de un verdadero espíritu de unión, para ampliar la fuerza con que debemos defendernos de los injustificados ataques de que somos víctimas, no tienen gran esfuerzo que hacer, sino cotizar 20 centavos mensuales, por socio, a la Caja Central.
Esta cotización da derecho a recibir gratis el periódico órgano Central de la Federación Obrera de Chile, editado en Santiago.
Ojalá que todas las Federaciones se compenetren de la importancia de realizar nuestra acción de civilización social, reuniendo todas las fuerzas dentro de un solo frente, pues, así obtendre­mos más seguramente el triunfo de nuestros anhelos que así luchamos con nuestras fuerzas en dispersión.
Todas las fuerzas enemigas de la civilización están unidas y procuran contra nosotros los más formidables golpes de muerte.
No sigamos desunidos, cualesquiera que sean nuestras pequeñas diferencias de tácticas es vuestro deber librar la batalla de la civilización en la más perfecta unión y solidaridad.
Espero de Uds. una respuesta al efecto. Salud.
Luis E. Recabarren S.