sábado, 5 de febrero de 2011

En la prisión II


El Socialista, Antofagasta 04/06/1920
EN LA PRISION
COSAS DEL TIEMPO
Donde resplandece la legalidad y justicia de nuestra causa
¡Ya puedo morir tranquilo y feliz!
No creeréis, pero es cierto, nunca me he sentido más satisfecho que en estos momentos que un nuevo proceso me priva de la libertad...
Y, ¿por qué? diréis.
Porque este proceso, en lo muy poco que ya le conozco, veo qué es la más hermosa prueba de la moral, de la justicia y de la razón que nos rodea en nuestras aspiraciones.
Nuestros perseguidores no nos pueden procesar con la verdad en la mano.
Tienen que recurrir a la mentira.
Esta es la prueba fatal de que carecen de razón y de justicia para encarcelarnos.
Hay en el proceso una parte que me acusa haber hecho un discurso, donde jamás nunca lo he hecho. Y de seguro se habrá hecho declarar a algunas personas que afirmen que oyeron mi discurso.
Y si así es todo el proceso. Si habrá más falsedades declaradas para decir que hemos cometi­do un delito donde hemos hecho un acto generoso, no cabe duda que nuestros perseguidores, y ellos mismos lo reconocerán, están perdidos en sus propósitos de anular nuestra justa acción de progreso y de perfeccionamiento social.
Ellos saciarán sus bajas pasiones, encarcelando a unos cuantos de nosotros y nos darán por vencidos, aún muertos, y, pobres insensatos que no se dan cuenta que ellos son los únicos vencidos aun con la apariencia de sus supuestos triunfos.
Para encarcelarnos necesitan mentir, porque la verdad es nuestra.
Entonces, ¿no están vencidos?
No tienen razón porque la razón es nuestra.
¿Qué habrán ganado con encarcelarnos? Un abismo de desprecios.
Sí, eso, un abismo de desprecios, es su única ganancia.
Su propósito de mantenernos en la esclavitud, de anular nuestra organización que marcha a conquistar bienestar y libertad correcta y definitiva, ese propósito de acabar con nuestra acción redentora, aun de ellos mismos; eso, no lo conseguirán jamás, y por eso es que ellos son los únicos vencidos aun cuando nos dejen encerrados en las prisiones.
Que este proceso es un complot de vencidos lo dice claramente el siguiente párrafo de un diario de Tocopilla, en que al defender al juez que el 6 de abril me puso en libertad, dice lo siguiente:
“Nosotros que creemos que se nos puede tildar de amparadores de revoltosos, puesto que sin ambages de ningún género hemos combatido la obra de los agitadores, no sólo ahora sino desde mucho tiempo atrás, hemos comprendido que el ataque injusto que el corresponsal de Antofa­gasta hace al juez de Tocopilla, NO ES OTRA COSA QUE LA MANIFESTACION ELOCUEN­TE DE QUE EN LA CABECERA DE LA PROVINCIA SE DESEA A TODA COSTA SACAR LA CASTAÑA CON LA MANO DEL GATO, ES DECIR, QUE SEA AQUI EN TOCOPILLA DONDE APAREZCA.
El que ha de quitarles
DE EN MEDIO AL PREDICADOR SUBVERSIVO que opera como señor absoluto en la capital de la provincia, y NO SE ATREVEN A HACERLE NADA.
Allí publica un diario que más perjuicios ha causado y sigue causando a los obreros y TODA­VIA NO HAN ENCONTRADO la manera de ANULAR esa publicación ni la obra del agitador y sus satélites.
Antes de desprestigiar las autoridades y hablar sin conocer los hechos, SE DEBE OBRAR DE COMUN ACUERDO que es lo que se necesita en la época porque atravesamos”.
Así habló el San Pablo de Tocopilla.
Por eso repito, compañeros y compañeras. ¡Ya puedo morir tranquilo y feliz!
Nuestros enemigos nos reconocen sanos, honrados, tranquilos, respetuosos a la ley y ven que por eso no pueden impedir nuestra patriótica obra ni atajar nuestra perseverante acción.
Como ellos no quieren que el pueblo progrese y creen que necesitan anular nuestra obra, no pudiendo hacerlo a la buena, lo hacen a la mala, y recurren a fabricar discursos y quien sabe qué otras declaraciones.
Seguimos triunfando, porque la verdad es lo único que triunfa.
¡Lo falso es siempre vencido!
La sinrazón de nuestros perseguidores se desploma estrepitosamente en este proceso.
Ya puedo morir feliz y tranquilo, porque mis gratuitos enemigos me confiesan mi honestidad intachable.
Luis E. Recabarren S.
Tocopilla, mayo de 1920

La prisión del Director de nuestro diario...


El Socialista, Antofagasta 19/05/1920
LA PRISION DEL DIRECTOR DE NUESTRO DIARIO COMPAÑERO RECABARREN
Escrito pidiendo sobreseimiento del proceso que se le sigue
Damos a la publicidad el texto de un escrito presentado por nuestro compañero Luis E. Recabarren, a su llegada a Tocopilla, al Ministro Visitador.
Omitimos comentarios pues de la lectura del escrito fluye con absoluta claridad la prueba de que nuestro amigo permanece aún preso, por la acción malévola y sombría de ciertos elemen­tos reaccionarios, enemigos de nuestras organizaciones obreras.
Por las consideraciones que expone, pide se sobresea:
“Señor Ministro:
“Luis E. Recabarren S., en el proceso que se le sigue a V.S. digo:
“Que he sido notificado de la disposición que me encarga reo, en virtud de existir, a su juicio, fundadas presunciones de haber tenido participación en 'delitos perpetrados' que castigan los artículos citados del Código Penal, en el auto que me encarga reo.
“Me permitirá V.S., afirmar (aunque no conozca el sumario) que considero que no puede existir en autos “hechos establecidos” que demuestren plenariamente la existencia, no diré de delitos consumados, pero ni siquiera de la intención de cometerlos, en los cuales yo pueda haber ejercido alguna participación.
“Estoy completamente seguro de que jamás, por ningún medio consciente o inconsciente, he participado en delitos que castigue el Art. 125 del Código Penal, y me atrevo a creer que en autos no puede haber establecido, con hechos fidedignos (salvo informes tendenciosos, faltos de verdad y aconsejados por la pasión de las luchas sociales que se desarrollan en el momento presente), que nadie y menos con mi participación demostrada en ninguna forma haya tenido la intención de cometer semejante delito.
“Para que yo aparezca participando en el delito debe haber autor o autores de culpabilidad ya establecida en autos.
“¿Será posible que V.S. pueda haber encontrado entre los trabajadores, alguien capaz del delito, aun cuando informes ad-hoc pretendieran establecerlo? Encontrar la imposibilidad del delito es cuestión que la seria penetración de V.S. puede establecer.
“Entiendo que el Código Penal establece delito cuando un hecho se verifique o cuando fracasa la intención de realizarlo.
“El Art. 125 del Código Penal castiga los hechos demostrados en los Arts. 121, 122, 123 y 124 del mismo Código.
“No tengo conocimiento ni sé que nadie lo haya tenido, de que alguien se haya alzado a mano armada contra el gobierno, constituido con el objeto de promover la guerra civil, ni pretendido cambiar la Constitución del Estado, o su forma de gobierno, ni tratado de impedir que ejerzan o entren en el ejercicio de sus funciones el Presidente de la República, o los miem­bros del Congreso Nacional, o de los tribunales superiores de justicia. Siendo éstas las únicas circunstancias que establece delito y pena el Art. 125 del Código Penal.
“Evidentemente, señor Ministro, la visual más modesta permite establecer que en Tocopilla se haya podido cometer semejantes circunstancias que concurren en el Art. 125 del Código Penal.
“Ni el Presidente de la República, ni los miembros del Congreso Nacional, ni de los tribuna­les superiores de justicia pueden ser privados de ejercer sus funciones desde ningún punto de Tocopilla.
“¿Cómo, entonces, señor Ministro, podrá haberse establecido en autos un delito de esa naturaleza?
“Considero que el elevado criterio con que V.S. debe mirar los hechos, después de esta exposición, habrá de considerar y establecer que en autos no puede haberse comprobado la comisión o el intento de cometer ese delito que lo pueda facultar para determinar que tengo complicidad en delito alguno. Esto es concreto y no cabe lugar a duda.
“Para mí y para la Federación Obrera, ha sido y será el honrado ejercicio del voto electo­ral, la única fuerza con la cual pretendemos perfeccionar la organización del Estado.
“También dice V.S. que en autos hay mérito para establecer que se ha cometido el delito penado por el Art. 202 del Código Penal, que castiga las sociedades ilícitas por el hecho sólo de su existencia.
“La Federación Obrera de Chile es una Sociedad nacional compuesta de cerca de 200 seccio­nes, establecidas entre Arica y Puerto Montt.
“No hay en Chile y menos en la provincia de Antofagasta un solo hecho concreto y verídico que pudiera permitir a V.S., ni a Tribunal de Justicia alguno, establecer la ilicitud de esta vasta asociación nacional, cuyos estatutos, ley interna que rige a sus asociados, y que acompaño, no pueden caer bajó sanción penal alguna, porque todos los actos que se derivan del estatuto se realizan absolutamente dentro de las garantías que establece la Constitución chilena. La Federación Obrera de Chile realiza acciones que perfeccionan la moral, la educación y la cultura de la clase trabajadora de Chile y una asociación que estos hechos realiza, no puede jamás hacerse ilícita porque la moral y la cultura no conducen nunca a la comisión de actos ilícitos.
“No podrá, tampoco, V.S. derivar de una huelga, acto no penado por ley alguna, en nuestro país, ilicitud para la Federación.
“Hace pocos días ha terminado la huelga en la región carbonífera, sostenida por la Federa­ción y cuya mesa directiva de Santiago conferenciaba con el propio Gobierno para determinar medidas de conciliación.
“Señalar a la Federación Obrera como sociedad ilícita, es transformar la verdad con la inten­ción de atentar contra el derecho de asociación de los trabajadores, que no tienen otro medio para mejorar sus condiciones de vida.
“Ante estas explicaciones y con un nuevo examen razonable de los autos, descartando de ellos la filtración de pasiones propias de los hombres que luchan, pero que la justicia tiene el deber de descartar, me permito confiar que V.S. llegará a establecer que en autos no está lógicamente establecido ningún principio de ilicitud de la Federación Obrera de Chile, y por lo tanto ninguno de sus miembros afectado como delincuente.
“El Art. 467 del Código Penal que castiga la estafa es absolutamente inaplicable en el caso presente.
“La Federación Obrera de Chile está dividida en Asambleas, quienes eligen a pluralidad de votos sus tesoreros y administradores, personal que administra por el máximo de tiempo de un año o que puede removerse a voluntad de la asamblea.
“Cada asamblea es constituida por numerosos socios, que voluntariamente se han congrega­do, y se han obligado a pagar las cuotas que los estatutos y las asambleas establecen.
“El tesorero autorizado por una asamblea para percibir las cuotas e invertirlas conforme al Estatuto, ¿podrá señor Ministro calificarse de estafador por este hecho? Ese es el único caso que se contempla en este proceso.
'El derecho de asociarse sin permiso previo, (Art. 10 (12) de la Constitución chilena), garan­tiza la forma de administración que tiene la Federación Obrera.
Conforme a este derecho constitucional existe la Federación Obrera de Chile, cuyos fines patrióticos puesto que elevan la moral del pueblo, no pueden ponerse en duda por ninguna per­sona que mire con honradez su existencia y su desarrollo.
Imposible será que en autos exista establecido que algún tesorero o administrador de la Federación Obrera haya invertido fondos contraviniendo acuerdos legales de las asambleas o del Estado, único caso que merecería la pena, y digo imposible porque no he tenido conocimiento que ninguna asamblea de la Federación Obrera haya hecho cargos a algún tesorero, de lo cual pueda desprenderse la sanción del art. 467 del Código Penal.
En la forma que he prestado mi declaración ante las preguntas de V.S. veo que la investigación sobre la administración de los fondos sociales penetra en el terreno que a mi juicio lesiona el derecho constitucional de asociarse sin permiso previo.
Si yo como administrador de la imprenta de El Socialista administro los fondos que a ella corresponden, lo hago en virtud de un acuerdo de asamblea de representantes de todas las secciones que constituyen la Federación Obrera en Antofagasta, y esa asamblea me ha autoriza­do para invertir los fondos en la forma que mensualmente he explicado en Balances publicados en el diario El Socialista propiedad de dicha Federación. Mis actos de administrador fueron aprobados recientemente, en marzo pasado por dicha asamblea.
¿Cómo podrá V.S. establecer que existe en autos que se haya cometido este delito y que yo pueda tener participación en él? Creo que V.S. después de un maduro examen podrá ver que detrás de las piezas o instrumentos que figuren en autos, pretendiendo establecer delitos donde no los hay, podrá advertir que es el espíritu contrario a nuestros sentimientos quien levanta una montaña donde sólo existe un oasis.
Señor Ministro: la hora presente en la cual la Fuerza de la Historia, ha embarcado a la Huma­nidad, quizás contra su voluntad, en una sacudida de renovación de sus bases sociales agita a los hombres en un mar de pasiones que los obliga a luchar unos contra otros. Chile es teatro de una parte de esa agitación, porque es parte integrante de la Humanidad y las fuerzas psíquicas que nadie puede evitar lo adhieren al movimiento universal de perfeccionamiento de las institucio­nes. Tan es así que esta fuerza existe, que por primera vez en Chile un candidato a la presiden­cia de la República, el Sr. Arturo Alessandri, nos presenta un programa que es el más grande conjunto de aspiraciones a renovar fundamentalmente las instituciones de Chile. ¿Podrá alguien acusar judicialmente al Sr. Alessandri de subversivo por exponer un programa igual que lo hace­mos nosotros, declarando que lo realizará si alcanza el triunfo?
Este sumario en que me ha envuelto V.S. es parte de esa lucha inevitable.
Los representantes de una tradición pasada se alarman ante el porvenir de renovación y no concibiéndolo con claridad lo atacan.
La Justicia, aunque esté representada por hombres que sienten las influencias de las pasiones que agitan este momento histórico, cumplirá honestamente su misión si logra constituirse como una fuerza directora que eleve las pasiones a la altura en que los hombres puedan conciliar sus encontrados anhelos.
No tomar en cuenta los factores morales al lado de la fuerza honesta de la ley es dejar sin solución el problema que nos agita.
Prolongar este proceso que V.S. puede considerar terminado en cualquier momento, prolon­gar las prisiones que él ha motivado, indudablemente no producirá los fines que se persiguen y en cambio retardará la hora en que se borren definitivamente las asperezas que surjan en toda sociedad que no ha completado su cultura.
¿Podría colocarse el señor Ministro en el caso de que los informes que en autos hayan como antecedentes, sean falsos o deformados por la pasión —que siempre acompaña a los hombres—, hasta colocar como delito lo que es una aspiración lícita? Si así resultara, ¿no sería un error continuar este proceso y prolongar indebidamente prisiones que no tienen razón de ser?
En nombre de estos elevados principios; en nombre de la más honesta interpretación de las leyes, que no están en pugna con la acción judicial severa y generosa, que debe consagrar el santo principio de la armonía social, es que invito a V.S. que logrando alejar de los autos la pasión innoble que haya, con el más elevado criterio que requiere la hora presente, considero legal y digno sobreseer definitivamente este proceso.
Una gran parte del país, por lo menos las familias que constituyen la Federación Obrera, —me lo figuro—, tienen sus miradas puestas en los actos de V.S. esperando surja de ellos el más generoso procedimiento de justicia. Un espíritu de bien entendida nobleza aconseja en la hora actual no prolongar el momento de hacer justicia.
Por tanto:
No pudiendo estar comprobado en autos la comisión de los delitos que pena el Art. 125 del Código Penal, porque es ilógico a la simple vista, que en Tocopilla se pueda cometer esos delitos;
No existiendo hecho concreto alguno que establezca evidentemente la ilicitud que pena el Art. 292 del mismo Código;
No pudiendo establecerse, por las razones expuestas, que pueda aplicarse el Art. 467 del Código Penal, a V.S. pido se digne sobreseer definitivamente este proceso por no haber mérito evidente para continuarlo.
Luis E. Recabarren S.

Fragmento


El Socialista, Punta Arenas, 05/12/1919
FRAGMENTO
De L. E. Recabarren
Las fuerzas inevitables que conducirán la transformación de la sociedad, han nacido ya: Son las organizaciones proletarias que de todo género se constituyen todos los días, en todos los pueblos del mundo, sin que nadie pueda impedirlo.
Organizaciones gremiales, que buscan mejoras en el salario, en las horas y costumbres de trabajo y que sirven de escuelas para los afiliados;
Organizaciones y cooperativas, que determinan una nueva modalidad industrial y sirven de escuelas económicas del proletatariado;
Organización política de clase, que va creando nuevos conceptos jurídicos y legales basados sobre una nueva moral, de tal manera que cuando hasta hace pocos años un hombre era consi­derado igual que un animal y se vendía en los mercados, hoy es un ciudadano con derecho a elegir y a ser elegido.
Al lado de estas tres formas de organización, van las organizaciones educadoras de todo género.

Apretemos filas


APRETEMOS FILAS
RECA
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La situación por demás angustiosa porque atraviesa esta provincia, a consecuencia de la carencia de trabajos, obstaculiza en parte, los deseos que sienten los trabajadores por organi­zarse y sacudir el yugo de tan inicua explotación, que los capitalistas aprovechan en estos momentos de crisis, la plétora de brazos existentes que la paralización de oficinas ha creado, para pagar irrisorios jornales que de ningún modo compensan con las largas jornadas de trabajo y la carestía de la vida.
Por otra parte, la cobardía engendrada por las últimas represiones, no extinguidas aún del todo, tiene también su influencia poderosa en la vacilación que se deja ver en el proletariado de esta región, que oscila entre los deseos de organizarse, la cobardía y la indiferencia que existe, causales que aumentan la avaricia capitalista y la tiranía estatal.
Pero ni lo uno ni lo otro puede servir de excusa a todos aquellos que se sientan hombres, hambrientos de pan, sedientos de justicia y ávidos de libertad, para no organizarse y luchar por su mejoramiento económico, moral e intelectual.
Ni la falta de trabajo, ni las represiones ejercidas hace poco, son fundamentos poderosos para que los trabajadores no se organicen o rehuyan su concurso de las organizaciones. Hoy, más que nunca, la organización se impone como medida salvadora de los intereses de la clase asalariada, como dique a la desenfrenada explotación de comerciantes y capitalistas, y como freno a las brutalidades gubernativas.
Está completamente comprobado, porque así lo han demostrado nuestras pasadas luchas, que los obreros sin organización son algo así como frágiles barquillas que se vuelcan al más leve soplo de viento o se hunden al menor oleaje; y está igualmente comprobado que los obreros organizados tienen una similitud con esos block de roca que no ceden ante la fuerza salvaje del huracán, ni por recia que sea la tempestad. Y la organización tiene ese objetivo: hacer de los trabajadores un block, capaz de resistir la fuerza salvaje del poder y de terminar con la explotación y tiranía imperante.
Es menester, pues, que cada obrero ocupe su puesto en su respectiva organización. Llegado es el momento que apretemos nuestras filas.

¿Igualdad anarquista?


¿IGUALDAD ANARQUISTA?
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Hay seres, que no sabríamos con exactitud, en qué escala clasificarlos: si en la de los rema­tadamente imbéciles o en la de los cínicamente malos. Imbéciles o malos, que alardean de sabiduría y no son más que pedantes, que mirados por cualquier lado resultan unos topos del intelecto.
Esta gente, cada vez que la ocasión se les presenta, repite con una voz doctoral: la Anarquía es imposible, porque la igualdad que preconizan es imposible. Y dicho esto, creen haber des­baratado por completo las bases de la Anarquía.
Yo no se de dónde se les ha ocurrido poner en boca de los anarquistas, que la igualdad que nosotros queremos, es la igualdad física, moral, intelectual y fisiológica. De aquí que digan que la igualdad es imposible.
Y es claro que esta clase de igualdad es imposible, anti-natural. Igualdad que ningún anar­quista ha podido concebir ni menos sostener.
Sabemos que no hay dos fisonomías enteramente iguales, ni dos gotas de igual volumen, ni dos criterios que piensen igual, ni dos hombres de la misma estatura. El aire que corre en las alturas no es igual al que corre en las profundidades; ni las capas terrestres son iguales. La variedad, la desigualdad, es lo que caracteriza a la naturaleza.
Sí, esta igualdad es imposible; pero no es imposible la igualdad económica, de la que no se acuerdan nunca los sociólogos de marras.
La igualdad económica, sépanlo los topos del intelecto, es la que nosotros queremos.
La igualdad económica no es imposible, y mal que les pese a los parásitos, ha de implantarse por la fuerza de la revolución.

El Surco, Iquique, 04/10/1919

El trabajo es capital II


El Socialista, Punta Arenas, 29/07/1919
EL TRABAJO ES CAPITAL
Cada obrero es un accionista
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Cosas necesarias que debe saber todo obrero y obrera, para que comprenda el valor de su trabajo
El obrero deber ser un hombre y no una bestia de trabajo
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Conclusión
Contemplemos todavía otros factores. Las máquinas son hechas "por trabajo humano", aunque se ayude para ello con otras máquinas. Todo material que entre en la composición de cualquier producto "viene" de la tierra y en todo el proceso de su preparación interviene forzosamente "trabajo humano".
Ahora debemos establecer fehaciente y fundamentalmente otra verdad absolutamente exacta: La máquina no es "otra cosa" que la prolongación del brazo humano; la máquina no es "más" que la prolongación de la fuerza humana; la máquina no es otra cosa que un instrumento del cual se vale el cerebro para multiplicar la capacidad y la actividad de su brazo la máquina, que no es "otra cosa" en resumen que concepción de esa inteligencia, por esta razón no puede ser, ni es un valor separado ni del brazo ni de la inteligencia del obrero.
Siendo la máquina prolongación de la actividad del brazo humano, que sólo se valoriza por la asociación mutua, no puede el capitalista suponerle más valor que al brazo. Entonces, en el trabajo, es decir, en la producción, el factor de mayor valor que entra en juego es el trabajo del operario, que es el factor de valor más noble. Con esta base, con esta razón es que establecemos que cada obrero, cualquiera que sea su condición, siendo productor de valores, es el único dueño del valor producido.
Por si se alegara que la división del trabajo hace que el obrero produzca sólo fracciones de una obra, diremos: "Todo el producto de una fábrica, taller o faena es propiedad, en igualdad de proporciones, del total de obreros o empleados que hayan intervenido".
Esto, contemplando las cosas en el actual aspecto de la sociedad.
Si el trabajo es el elemento o factor más noble que entra en una empresa, véase claro, el trabajo es la parte más importante del capital que opera en cualquier clase de empresas.
Si el trabajo representa esta clase de capital el obrero es incuestionablemente el capitalista más importante.
Esta es una de las razones más fundamentales que argumentan para sostener que, de cual­quier empresa de trabajo, con uno o muchos patrones o accionistas, los obreros son los accio­nistas más importantes de ella.
Cuando una empresa reparte utilidades a los que hasta hoy son los únicos considerados como accionistas, ¿por qué no son considerados con iguales derechos de accionistas todos los obreros y no participan de las utilidades?
¿Por qué "antes" se aseguraba que la tierra era inmóvil y sé mataba al que afírmase que se movía, y "ahora" nadie duda que se mueve?
Porque antes era lógica la ignorancia; era el estado natural de la humanidad. Así, "antes'' era lógico, debido a la ignorancia, que la clase obrera, además de recibir un mezquino salario, fuera y sea privada de "participar" de las utilidades que resultan de su trabajo y de su inteli­gencia.
Pero "ahora" ya no debiéramos ocultar la verdad; ya no debiéramos admitir que se nos siga usurpando nuestro derecho a la utilidad del trabajo, no sólo porque ello nos reduce a la escla­vitud y a la miseria, no sólo porque ello "rebaja" hasta lo indigno e infame la condición del explotador que se reserva tan vil profesión, si no también porque este sistema, además de indigno, de anti-natural, es criminal, porque de él se derivan el acortamiento de la vida y la muerte prematura, y en suma, porque es la causa preponderante que produce la mayor cantidad de desgracia.
El sindicato, y todo grupo dedicado a multiplicar la cultura, tiene el deber de dedicar a este "renglón" quizás mayor preferencia, pero a la vez señalar y proponer los "medios" más posi­bles, más conducentes, para hacer desaparecer ese estado de cosas y para establecer "nuevas maneras" para realizar la producción y para gozar de sus productos.
Luis E. Recabarren S.

El trabajo es capital I


El Socialista, Punta Arenas, 26/07/1919
EL TRABAJO ES CAPITAL
Cada obrero es un accionista
Cosas necesarias que debe saber todo obrero y obrera, para que comprenda el valor de su trabajo
El obrero debe ser un hombre y no una bestia de trabajo
Todas las verdades demoran en reconocerse. La razón es sencilla. Un niño a medida que va creciendo o desarrollándose, que va viviendo y conociendo las cosas, poco a poco va conocién­dolas y comprendiendo la exactitud y verdad de su valor respectivo. Lo mismo pasa con la humanidad. Tarda en conocer la verdad y en conocer lo exacto, que sólo la experiencia, que sólo el buen juicio y la honradez enseñan. La clase capitalista, empedernida en su egoísmo here­ditario, aunque comprenda la verdad no quiere hoy reconocerla, y mucho menos lo hará mientras vea la debilidad proletaria.
Que el trabajo es un capital, y por lo tanto, cada obrero es un accionista, en toda clase de trabajos que se verifiquen, para muchos de nosotros es, cosa bien clara, indudable e indiscutible. Fatalmente, ningún patrón lo acepta, y muchos obreros no quieren comprenderlo por falta de inteligencia.
Que el trabajo es "el capital" de más valor e importancia es tan exacto, en verdad, que no costará mucho probarlo y comprenderlo. La máquina más prodigiosa que se haya inventado o que no pueda inventarse no producirá productos jamás "sin" la asociación del brazo humano. Debemos tomar en cuenta que para "toda" producción que pueda elaborar la máquina más prodigiosa que requiera el minimum de fuerza humana, para el máximum de producción ha de demostrar que "todos" los materiales que entran en esa elaboración "provienen" de la tierra, en cuya preparación intervienen e intervendrán fuerzas humanas.
Como "el trabajo" humano es insubstituible, irreemplazable, el trabajo humano tiene "un valor" especial que debemos caracterizar ¿Puede producir la máquina sola? No. ¿Puede produ­cir el brazo solo? Sí. No puede haber vacilación en las respuestas. El trabajo no solamente es "un valor", sino que es todavía el único factor en la producción que "valoriza" lo que produce, puesto que sin el trabajo del brazo humano —la acción más noble de la vida— es "imposible" la existencia de ninguna "cosa" sobre la superficie de la tierra. Ninguna maravilla del genio inven­tivo, del arte, ningún producto eficaz y exacto de las ciencias, ninguna concepción de la menta­lidad humana, podrá "ser", podrá adquirir forma, convertirse en hecho sin el trabajo humano, sin la indispensable acción del brazo, cuyo movimiento, desde lo más sensible y delicado a lo más potente, "dirige" indispensablemente el cerebro, por lo tanto, en toda operación que se realice van unidos talento y fuerza, cerebro y músculo.
La máquina más cara, la que cuesta más dinero, la que exija más capital, no valdrá "nada" si no la pone en movimiento la mano humana, que hace andar el motor y que trasmite el movimiento a la máquina. Esto es, para ponerla en movimiento. La máquina en movimiento no producirá "nada" si la mano humana no introduce en la máquina los materiales que se requieren para la producción que deba realizarse. ¿Es esto la verdad? ¿Podrá la máquina "elaborar" un producto sin la asociación del brazo humano? ¿Podrá el brazo humano, así sea el de un niño, dirigir o conducir el material [que] se elabora si la "inteligencia" —ese producto noble del cerebro— no entra en actividad para conducir la mano?
Ninguna máquina "produce", ni fabrica "nada" si para ello no intervienen el "músculo" y el "cerebro" del ser humano. La inteligencia más rudimentaria o atrofiada necesitará poco esfuerzo para comprender "esta exacta verdad" si se sabe explicarla. Bien. Siendo esto así, la clase capitalista no puede invocar ningún valor al capital empleado, ni atribuirle ninguna supe­rioridad sobre el valor del "trabajo", aunque sea el de un solo niño.
Comprobemos con la mayor exactitud posible esta verdad, de que solo "el trabajo humano", sea desempeñado por una niña, un hombre, una mujer o un anciano, cualquiera que sea la condición del que realiza el trabajo es esta sola fuerza es esta sola acción la que "valoriza" la máquina que se mueve y que trabaja y el producto que realiza. Ni máquina ni producto consti­tuyen "valor" sino cuando interviene el trabajo del ser humano. Una máquina ideal la más perfecta, por ejemplo, para hacer sombreros o zapatos, póngasela en movimiento y a su lado déjese los materiales necesarios, sin acompañar a la actividad de la máquina el "trabajo" del brazo y del cerebro humano y no se producirá nada.
Entonces, repetimos, es estrictamente exacto que sólo "el trabajo humano" da valor apreciable a la máquina, al material y al producto que resulta.
(Concluirá)